martes, abril 27, 2010

Una canción que demuestra que se puede llegar a odiar con la misma intencidad con la que se pudo llegar a amar.
La noche era nocturna,
la calle húmeda y mal iluminada,
el teléfono llamaba estúpidamente... insistentemente.
no pensaba contestar
prefería seguir espiando por la persiana rota los golpes en la pared
me recordaban que la vecina siempre sabe cuando estoy en casa
tal vez ella debería de contestar la llamada,
el reloj corría como gallina renga mi ropa era de lo único que no me sentía acalambrado
el cigarrillo dejaba escapar un tímido hilillo de humo
justo antes de extinguirse entre mis dedos
los callos llagados impedian que lo notará, como siempre ¡já!
Observando la calle
con la paciencia de un cadáver
sentía cómo la triteza se mudaba lentamente a mis ojos no podía si quiera verme al espejo
con el alma escondida bajo la cama
no quería saber más de las mujeres
no de las que ya conocía... al menos. ¡Agh!
Porfin llega el chevrolett oxidado
que transporta mi dolor
la última gran conquistadora de mi alma seca
se hace acompañar
por ese apuesto y fracasado corredor de bolsa.
Mi revolver más inteligente y capaz que ellos dos
asoma su ojo letal por la ventana
la distancia entre el auto y la puerta de la casa
no es suficiente para ponerlos a salvo ¡PUM! ¡PUM!
¡BANG! ¡BANG!
Adiós tristeza... hola botella de licor.

.

Horoscopeamesta.

Alucinación.

Creo que voy a vomitar, no sé que es, sí el fétido olor de los químicos que se respiran a diario, los que nos hacen vomitar sangre o tu amor tan pútrido; lo único que sé es que prefiero los químicos a tu amor, que sólo fue una fantasía más creada por los hongos que como a diario.

Verso a un drogadicto.

Tus ojos... me encantan, ver mi reflejo en ellos es hermoso, nose, si esa luz que reflejan es por mi o por el hecho de que has aspirado tanto polvo. Respóndeme, pero por favor sólo no destruyas mis ilusiones.

Pastillas.

Qué lindo y agradable es el planeta sin tu presencia. Tan sólo el hecho de recordarte y no sufrirte me construye unas nuevas alas para viajar, para soñar, para crearme nuevas ilusiones, llenas de color, mucho más de lo que tu escaso amor me ofrecía.

No sé si creer en tanta felicidad, si sea verdad, si es que esta realidad la puedo pensar y acariciar con la punta de mis dedos; o sólo es el efecto de tantas pastillas de colores, pastillas que el único deber que tienen es hacerme reír, aún cuando pienso en ti. Reír... reír mi único objetivo, me rio de lo que me decías, de tus palabras vacías, de cada te amo que me susurrabas, de tantas caricias al aire.

Nunca entregaste el corazón, al menos no cómo lo hice yo. No tengo coraje, tan sólo risas que callan tu ausencia, tu estúpida ausencia. Pero mírame reír, recuerda que no sólo eras tú mi felicidad, hay más cosas y entre ellas están las pastillas.

Recuerdo.

Al despertar entre mi vomito y la mierda de otras personas, traté de recordar tu mirada que me cobijaba en aquellos días que el sol no nos abandonaba, choque de inmediato con tu miseria, no pude ver más allá; me sentí estúpida, sólo quería escapar de las palabras vacías, de los recuerdos finitamente tristes. Me cuestiono ¿Por qué somos tan vacíos? ¿Cómo tenemos la capacidad de decir tantas cosas que en realidad no sentimos? Después, intente recordad tu olor, lo único que pude percatar fue el fétido hedor de ese amor que tanto jurabas. Sólo quiero que pase mi vida, sin más obstáculos, sin más piedras que lleven tu nombre; que haya tan sólo líneas que muestren el camino correcto para olvidar tu estúpido recuerdo. ¡EL RECUERDO DE TU AMOR HIPÓCRITA!

Tú.

Tú que me diste alas.
Tú que viste en mí, lo que muchos nunca imaginaron.
Tú que me hacías reír con frases simples. Tú la persona que creía que debía estar a mi lado por siempre. Tú ya no eres Tú. O al menos ya no eres a quien queria.
Tan sólo quiero quitarme la impresión de tus manos en mi cuerpo, tu sabor, tu olor.
Sólo guardaré la fantasía.
Guardaré la magía, que por momentos me daba tu presencia. Ahora sólo conservo la esperanza de que te perdones.

Dulces

El día que se me ocurrio ir a dónde podría conseguir algunos de esos dulces, esos dulces que alegran a cualquiera; que hacían de mi una persona sonriente, capaza de disfrutar una felicidad radiante. Sin sospechar mi suerte, encontré una sombra... si la de "e", al observarla no podía pensar en nada, me quedé absorta, impresionada de la forma en la que se desenvolvía junto con el viento, su encantadora obscuridad me embrutesio, me desequilibró. Sentí que todos mis sentidos se abrumaban, que todo lo real había dejado de existir por algunos instantes, los mismos en que mi atención se concetraba en él.

Un grito, ese grito que se escucha a media noche, sobresalto de nuevo mis sentidos, me había despertado del sueño, de la fantasía que estaba creando con él. Percatandome de que tenía que hacer sacrificios para que él me viera, para que me prestera un poco, tan sólo un poco de su tiempo, para compartirlo, para usarlo y hacerlo... crearlo. Empezé por reír, canté, soñé, grité, lloré y por fin morí. Nada, no pude hacer que tu mirada rosara por equivocación mi ser.
Paso el tiempo, y no podía borrar de mi la ilusión, el sueño de amanecer tomada de tu mano, de tu cuerpo. Pero Tú no pensabas lo mismo, no me mirabas, empezaba a pensar que ni siquiera sabías de mi existencia de mi amor por ti. Empecé a borrarte a castigar esos sueños que lo único que hacían era malgastar mi tiempo. De pronto, algo inexplicable, una luz dibujo en tu mirada mi rostro, era ya parte de ti. Ya me veías. Mi estómago se convirtio en un festin, en un baile de hadas al son del palpitar de mi corazón. En eso, se entreabrio tu boca para susurrar delicadamente mi nombre, tan suavemente.

Tuvimos mucho tiempo para ser felices y lo fuimos. Los dos tratamos de inventar ese amor que se desea, que se escribe en las novelas, sólo logramos inventar nuestro amor, nuestra felicidad. Cómo toda llama, nuestro amor llego a su final. Se fue apagando, nuestra luz ya no tenía fuerza, los ecos de tu voz ya no eran compatibles con los míos. Ya no había amor, o al menos eso derían los extraños, los que eran espectadores de nuestra historia, de nuestra amor. Ya ni compartiamos el frio de nuestros cuerpos.

Lo único que nos seguía uniendo era el gusto por esos dulces que nos podian eloquecer de felicidad.

...¿?

¿Cómo poder ser sin dejar de ser? Que trágico es pensar que algún día podremos cambiar, que lamentable es cuando nos damos cuenta que nunca vamos a dejar de ser nosotros. Porque todos queremos ser lo que los demás quieren que seamos. Tan complicado es aceptar como eres, tan complicado es aceptar como son los demás.
Es correcto reír cuando por dentro todo es un vacío, una tristeza. Es correcto pintar un mundo de colores, visto por todos, pero por dentro estar lleno de matices obscuros. Todos sonríen extasiados de una alegría tan profunda, es creíble la mentira de su sonrisa. Cómo se puede llegar a ser feliz y representar esa felicidad y por dentro morir, derrumbarse de las ansias por gritar que lo que eres no te gusta, que lo que eres no eres. ¿Qué diferencia hay entre un hipócrita visto por todos a un hipócrita visto en tu reflejo? Alguien tendrá la posibilidad de reír o de al menos de dar una sonrisa realmente verdadera. Sería tan excitante poder darte una sonrisa a ti y no a otras personas, una sonrisa que no tenga un porqué, una sonrisa que te llene.
¿Cómo puedo imaginarme un fututo si no tengo un presente? ¿Es válido? ¿Es válido contar con algo que realmente no tienes, como el amor? Todo es claro. El día azul, un azul que lástima, cómo lastiman las palabras de desamor. Porque buscamos el amor en otras personas, tan poco es el amor que recibimos de nosotros mismos, porque buscarlo en otra persona que al igual que nosotros esta insatisfecho con lo que es, y que de igual manera va buscando el amor que no se tiene. El amor esta perdido y nosotros con él.

domingo, abril 18, 2010

El principio

Las 7 de la mañana de un año, el año en el cuál empezó una de mis mejores etapas, 2004. Todo era normal en mi mundo, un mundo en el cual todavía no existían los problemas del corazón... del amor y sus demonios. Lo expresa claramente Gabriel García Marquez.
Aquél, ese niño que en un principio era mi nemesis, al cual nunca podría haber considerado, en ese momento, parte de mi vida. Ya empezaba a tener consideraciones dentro de mi vida, pues teníamos grandes compatibilidades musicales, emocionales y culturales. A pesar de cada una de las compatibilidades que teníamos, no me imaginaba a su lado, no era lo mío.

Paso tiempo, y todo lo que nunca imagine empezó a inundar mi cabeza de ilusiones de sueños. Un día, todo aquello que ya me imaginaba se hizo realidad, pues él también tenía grandes ilusiones conmigo.

Tuvimos dos años de un verdadero amor, de esos amores que se creen ocultos en novelas, en historias fantásticas; lo nuestro era tan fantástico, tan hermoso, después de no imaginarme a su lado, ya no podía imaginar su ausencia.

Pero cómo se han de imaginar, tuvo final, al menos fue un final feliz de esos que no crees tener con nadie, nunca. Él y Yo, nunca prometimos nada en concreto, supongo que eso ayudo a que no doliera tanto la ruptura.