martes, abril 27, 2010

Una canción que demuestra que se puede llegar a odiar con la misma intencidad con la que se pudo llegar a amar.
La noche era nocturna,
la calle húmeda y mal iluminada,
el teléfono llamaba estúpidamente... insistentemente.
no pensaba contestar
prefería seguir espiando por la persiana rota los golpes en la pared
me recordaban que la vecina siempre sabe cuando estoy en casa
tal vez ella debería de contestar la llamada,
el reloj corría como gallina renga mi ropa era de lo único que no me sentía acalambrado
el cigarrillo dejaba escapar un tímido hilillo de humo
justo antes de extinguirse entre mis dedos
los callos llagados impedian que lo notará, como siempre ¡já!
Observando la calle
con la paciencia de un cadáver
sentía cómo la triteza se mudaba lentamente a mis ojos no podía si quiera verme al espejo
con el alma escondida bajo la cama
no quería saber más de las mujeres
no de las que ya conocía... al menos. ¡Agh!
Porfin llega el chevrolett oxidado
que transporta mi dolor
la última gran conquistadora de mi alma seca
se hace acompañar
por ese apuesto y fracasado corredor de bolsa.
Mi revolver más inteligente y capaz que ellos dos
asoma su ojo letal por la ventana
la distancia entre el auto y la puerta de la casa
no es suficiente para ponerlos a salvo ¡PUM! ¡PUM!
¡BANG! ¡BANG!
Adiós tristeza... hola botella de licor.

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Se chulo y construyeme nuevos horizontes.