El día que se me ocurrio ir a dónde podría conseguir algunos de esos dulces, esos dulces que alegran a cualquiera; que hacían de mi una persona sonriente, capaza de disfrutar una felicidad radiante. Sin sospechar mi suerte, encontré una sombra... si la de "e", al observarla no podía pensar en nada, me quedé absorta, impresionada de la forma en la que se desenvolvía junto con el viento, su encantadora obscuridad me embrutesio, me desequilibró. Sentí que todos mis sentidos se abrumaban, que todo lo real había dejado de existir por algunos instantes, los mismos en que mi atención se concetraba en él.
Tuvimos mucho tiempo para ser felices y lo fuimos. Los dos tratamos de inventar ese amor que se desea, que se escribe en las novelas, sólo logramos inventar nuestro amor, nuestra felicidad. Cómo toda llama, nuestro amor llego a su final. Se fue apagando, nuestra luz ya no tenía fuerza, los ecos de tu voz ya no eran compatibles con los míos. Ya no había amor, o al menos eso derían los extraños, los que eran espectadores de nuestra historia, de nuestra amor. Ya ni compartiamos el frio de nuestros cuerpos.
Lo único que nos seguía uniendo era el gusto por esos dulces que nos podian eloquecer de felicidad.
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Se chulo y construyeme nuevos horizontes.